HIJOS DEL AGOBIO

Hijos del Agobio, artículo publicado originalmente en el número 1 (primavera) de la revista literaria «Las 4 Estaciones» 2014, editorial La Esfera Cultural.

Tenía 23 años y daba mis primeros pasos en la literatura. Recupero el texto íntegro.
Hijos del agobio
Portada del disco de Triana – Hijos del agobio 1977

Nunca he prestado oídos a la música de moda, de hecho nunca he dejado que en mi alcoba de paz yaciesen, más que en puntuales deslices, los efímeros hits-diotas- del momento.

Mis peculiares gustos, inmanentes a mi personalidad meditabunda, me han compelido a lo largo de mis veinticuatro y tres sextos a escudriñar melodías que rezumaran arte por sí solas, así como letras carentes de vacuidad.

Por eso, quizás, y además desde la cuna, siempre he sido un acérrimo seguidor del maestro Sabina, al cual mis subjetivos oídos, ya hace unas décadas, le otorgaron la medalla de la real orden de la permanente lista de reproducción.

Sin embargo, no solo de intrincadas y agraciadas palabras enigmáticamente desordenadas en vastos libretos vive la música. La armonía y la belleza también resultan alcanzables desde un prisma más lacónico, como los «haikus» japoneses. Textos breves. Sencillos. Cautivadores.

Otro ejemplo paradigmático de aquello podría ser las letras de Triana, aquel grupo de rock andaluz de los 70, que hace 38 años deleitó al mundo con un elepé llamado «Hijos del Agobio».

Generación perdida
Una época difícil, aquella que nos ha tocado vivir

Un título elocuente que bien podríamos emplear para denominar a la generación, que -algunos- llaman perdida, surgente de la peor crisis económica que ha azotado a España desde la instauración de la democracia, allá por el 78 del pasado siglo.


Hoy somos, por caprichos del azar que diría Serrat, «hijos del agobio», y, como antaño acaeció con otros que en su periplo fueron heridos por las afiladas fauces de la escasez, sufrimos la incesante necesidad de contar al mundo, de expresarnos, de canalizar la ira, zozobra y desazón por medio de una catarsis artística.

Obviamente, ni somos los primeros ni seremos los últimos que se han visto atrapados por tal indigna amorfia; antes fueron otros muchos: Quevedo, Lope de Vega y Cervantes alumbraron con su talento un decrepito y adulterado imperio español de inalcanzables riquezas; los talentos de Miguel Hernández y Lorca brotaron en el seno de una lacerante «Guerra Civil Española»; de la pos-esclavitud y de las desigualdades sociales floreció en Nueva York el «Renacimiento de Harlem»; de la generación perdida por la «Gran Depresión del 29» nacieron los textos de Fitzgerald, Faulner o Hemingway; y, si continuásemos, el etcétera podría convertirse -poco más o menos que- en infinito.


Nos ha tocado respirar en una época en la que, apesadumbrados, oteamos a contemporáneos que, por peteneras y resignados, abandonan su vida en busca de un futuro deseable, que tal vez no exista. Otros, no sin quedar exentos de una buena dosis de incertidumbre vital, persistimos, deambulando sin rumbo aparente, con la esperanza de cambiar un sistema que se desangra, sin que nadie parezca acertar a colocar un torniquete certero.

En esta generación o generaciones -la mía y la de mis padres- vuelve a manar un arte que se moldea desde la fealdad y el espanto, gracias al cual germina intensamente un brote de vida y entereza, que tiene visos de tornarse en la mayor y más fértil urdimbre cultural del siglo XXI.

David de Miguel Ángel MAN-O-MATIC
David de Miguel Ángel MAN-O-MATIC
«Aparcamientos antigua Plaza (Huelva)»

El mundo puede ser aciago, sí, pero nos hallamos erigiendo con apetito y avidez los cimientos de un movimiento cultural sin precedentes, henchido de vivas tonalidades.

Jamás un hueste cultural estuvo mejor dotado de herramientas para expresarse e instruirse que este: buena muestra de ello es esta maravillosa revista literaria. Y, ahora que la primavera florece: hijos del agobio y del dolor, caminemos por un largo camino que hay que recorrer.

Puedes comprar la revista literaria La Esfera Cultural en su versión en papel desde aquí.
Escritores

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